jueves, 28 de mayo de 2015

Lo bueno y lo malo de Polaroid ZIP


Polaroid ZIP ha llegado al mercado de la telefonía móvil arrasando por su gran atractivo para los amantes de la fotografía retro, pues se sirve de la nostalgia en las famosas cámaras Polaroid para motivar a los potenciales clientes.

Se trata de una impresora portátil que trabaja con sensores de calor, es decir, que no necesita cartuchos. Es extremadamente ligera para favorecer ese carácter de "llevar a cualquier parte" y se sincroniza con nuestro smartphone vía bluetooth.

El Polaroid ZIP apenas pesa 187 gramos y tiene unas medidas pequeñísimas de 7,36 x 11,93 x 2,28 cm. Se carga mediante conexión USB y su batería puede aguantar hasta 25 impresiones o, sin usarse, una hora y media. Dado que es lógico sólo encenderlo para imprimir, es viable esta pequeña duración.

En el tema del papel comienzan las desventajas de este accesorio. Tiene una capacidad para 10 papeles creados específicamente para este dispositivo con tecnología Zink Zero Ink, formada por pequeños cristales en los que activado el calor permite mostrar los colores.

Los papeles, dado el tamaño del dispositivo, ofrecen fotografías algo pequeñas con respecto a los estándares corrientes, de 7,6 x 5 centímetros y no son especialmente baratos. Los paquetes se venden de entre 30 a 100 hojas y el precio oscila entre los 15 y 50 euros.

El propio dispositivo Polaroid ZIP no es barato. Para competir contra las cámaras digitales, a las que aventaja en portabilidad y efecto de interfaz por app, en realidad se ha establecido en un precio similar a las cámaras más compactas, pudiendo ser adquirido por unos 129 euros.

De este modo, se trata de un accesorio realmente llamativo y que puede ser divertido de utilizar para plasmar momentos inolvidables, pero no rivaliza contra una cámara de fotos digital, ni por la calidad de las fotografías (está a años luz) ni por la economicidad de su uso.

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