viernes, 10 de mayo de 2013

La tranquilidad gobierna las calles y avenidas de esta excursión urbana, mientras que sus veredas verdes y jardines regalan los aromas de una ciudad con buenas vibraciones.

Esta es una parte de una enorme Guia Turistica de Argentina, comenzemos con Alta Gracia.
Tan pronto como se llega a Alta Gracia un tipo saludable y necesario de ejercicio es pasear por sus calles. Ya sea a pie, en bicicleta o en coche, esta ciudad ofrece el placer su limpieza, la pulcritud y el aire fresco siempre famoso.

Visitamos el museo de la estancia jesuítica y cruzamos la Plaza Manuel Solares con el fin de empezar a caminar. En la planta, encontramos un dibujo que representa Chicantoltina Creek y el pasado jesuita: estancia y la iglesia, horno de cal y de la presa, los elementos que componen el corazón de la ciudad.

Dejamos atrás los edificios originales de la estancia y de la iglesia y vimos el atractivo Reloj Público, construido para el 350 aniversario de Alta Gracia. Sus cuatro caras reflejan diferentes períodos de la ciudad: el nativo, el español, el misionero y el gaucho.

Nos acercamos a la presa conocida como Tajamar, que hoy es parte de un complejo de natación muy popular gracias a su generosa arboleda. En tiempos jesuitas, la cal y el muro de piedra con un sistema de compuertas contenían el agua de los arroyos, que almacenaban para el riego de cultivos.

Percibimos una ciudad con aires de escena rural de montaña y un montón de actividades. Cuenta con áreas bien definidas conocidas como el Alto y el Bajo. Subimos por la calle Sarmiento hacia el Alto siguiendo las empinadas calles serpenteantes que cruzan entre sí a diferentes niveles. Se encontró una estatua del Padre Domingo Viera montado en un burro, como homenaje al cura gaucho.

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